
Miniatura del siglo XII que representa la iglesia de los Santos Apóstoles de Constantinopla.
También fue importante la desaparecida iglesia de los Santos Apóstoles de Constantinopla, proyectada como mausoleo de Constantino. Renovada en época de Justiniano I, fue modelo de la iglesia de San Juan de Éfeso (terminada ca. 565) y de la de San Marcos de Venecia, obra del siglo XI. Como esta última, ofrecía un modelo de planta de cruz griega con cinco cúpulas, ampliamente imitado en todo el mundo bizantino.
La iglesia fue construida sobre una colina de la ciudad, pensada para albergar en su interior el cuerpo del emperador Constantino, siendo la más antigua de la Cristiandad en ser consagrada a los Santos Apóstoles, y datando de los tiempos de la fundación de la propia ciudad de Constantinopla sobre la antigua Bizancio.
Justiniano y su esposa Teodora la reconstruyeron entre 536-550, retomando la consabida planta en cruz griega de la iglesia constantiniana, coronada por una gran cúpula, siendo más tarde ricamente decorada por Justino II.
La iglesia se convirtió desde muy pronto en la necrópolis imperial, conteniendo así los restos de la mayor parte de los emperadores, distribuidos en dos mausoleos exteriores, uno al norte y el otro al sur del ábside, denominados heroa, el de Constantino y el de Justiniano. El interior de la iglesia, sin embargo, no albergaba ninguna tumba. Cada uno de los heroon albergaba indistintamente tumbas modernas o antiguas, sin estar agrupadas por ningún tipo de orden cronológico. Dethier, un erudito que vivió en Constantinopla y conocía perfectamente la topografía de la ciudad medieval, hablaba de 19 sarcófagos en el heroon de Constantino y de 17 para el de Justiniano. Byzantios, un escritor griego moderno, añade otros 5 para el primero y 9 para el segundo.
El santuario recibió numerosas reliquias: las de los santos apóstoles Andrés, Lucas, Timoteo, el primer obispo de Éfeso, y Mateo, así como las de los santos Cosme y Damián.
Alrededor de la iglesia se encontraban pórticos suntuosos, los stoai, a lo largo de los cuales se disponían los sarcófagos aislados de algunos basileis. A parecer, todos los sarcófagos eran de mármol, completamente recubiertos de ornamentos deslumbrantes en plata y piedras preciosas. El efecto era de grandiosidad, especialmente a la luz del sol. La mayoría de las coberturas de los sarcófagos eran en forma de tejado, y contenían en su interior más joyas todavía. Diversos patriarcas se hallaban también sepultados allí, destacando entre ellos Juan Crisóstomo.
Las tumbas fueron despojadas por Alejo IV Ángelo para pagar a los cruzados de la Cuarta Cruzada, quienes además saquearon la iglesia rompiendo y destruyendo los sepulcros. Lo que quedó fue arrasado por los derviches tras la caída de Constantinopla en 1453, quienes al parecer pasaron catorce horas destruyendo con mazas y barras de hierro lo que se había salvado de la destrucción ocasionada por los cruzados.
También fue importante la desaparecida iglesia de los Santos Apóstoles de Constantinopla, proyectada como mausoleo de Constantino. Renovada en época de Justiniano I, fue modelo de la iglesia de San Juan de Éfeso (terminada ca. 565) y de la de San Marcos de Venecia, obra del siglo XI. Como esta última, ofrecía un modelo de planta de cruz griega con cinco cúpulas, ampliamente imitado en todo el mundo bizantino.
La iglesia fue construida sobre una colina de la ciudad, pensada para albergar en su interior el cuerpo del emperador Constantino, siendo la más antigua de la Cristiandad en ser consagrada a los Santos Apóstoles, y datando de los tiempos de la fundación de la propia ciudad de Constantinopla sobre la antigua Bizancio.
Justiniano y su esposa Teodora la reconstruyeron entre 536-550, retomando la consabida planta en cruz griega de la iglesia constantiniana, coronada por una gran cúpula, siendo más tarde ricamente decorada por Justino II.
La iglesia se convirtió desde muy pronto en la necrópolis imperial, conteniendo así los restos de la mayor parte de los emperadores, distribuidos en dos mausoleos exteriores, uno al norte y el otro al sur del ábside, denominados heroa, el de Constantino y el de Justiniano. El interior de la iglesia, sin embargo, no albergaba ninguna tumba. Cada uno de los heroon albergaba indistintamente tumbas modernas o antiguas, sin estar agrupadas por ningún tipo de orden cronológico. Dethier, un erudito que vivió en Constantinopla y conocía perfectamente la topografía de la ciudad medieval, hablaba de 19 sarcófagos en el heroon de Constantino y de 17 para el de Justiniano. Byzantios, un escritor griego moderno, añade otros 5 para el primero y 9 para el segundo.
El santuario recibió numerosas reliquias: las de los santos apóstoles Andrés, Lucas, Timoteo, el primer obispo de Éfeso, y Mateo, así como las de los santos Cosme y Damián.
Alrededor de la iglesia se encontraban pórticos suntuosos, los stoai, a lo largo de los cuales se disponían los sarcófagos aislados de algunos basileis. A parecer, todos los sarcófagos eran de mármol, completamente recubiertos de ornamentos deslumbrantes en plata y piedras preciosas. El efecto era de grandiosidad, especialmente a la luz del sol. La mayoría de las coberturas de los sarcófagos eran en forma de tejado, y contenían en su interior más joyas todavía. Diversos patriarcas se hallaban también sepultados allí, destacando entre ellos Juan Crisóstomo.
Las tumbas fueron despojadas por Alejo IV Ángelo para pagar a los cruzados de la Cuarta Cruzada, quienes además saquearon la iglesia rompiendo y destruyendo los sepulcros. Lo que quedó fue arrasado por los derviches tras la caída de Constantinopla en 1453, quienes al parecer pasaron catorce horas destruyendo con mazas y barras de hierro lo que se había salvado de la destrucción ocasionada por los cruzados.
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