Monday, September 28, 2009

Contexto y función del arte renacentista

El Renacimiento es uno de los grandes momentos de la historia universal, constituye el puente entre el Medievo y lo Moderno. Es un fenómeno muy complejo que impregnó todos los ámbitos de la vida, desde lo político hasta lo económico, haciendo gran énfasis en los cultural y artístico.

Para muchos autores empieza en 1453 con la conquista turca de Constantinopla. Otros creen que inicia con el descubrimiento de la imprenta, incluso se considera que no se produce hasta que Copérnico descubre el sistema heliocéntrico; pero la fecha tope es 1492, con el descubrimiento de América.

Este movimiento surge en Italia a fines del siglo XIV y principios del XV, expandiéndose con fuerza a Europa a mediados del siglo XV, y desde mediados del siglo XVI al mundo hispanoamericano. Es un movimiento universal pero que adopta las características y modos propios del pasado de las naciones a través de un proceso de asimilación. El que su origen sea italiano es porque Italia es fundamental por su pasado histórico que ahora se quiere recuperar e impulsar. Además hay otro factor relevante y es que en Italia nunca hubo un arraigo total y fuerte de lo medieval como ocurrió en Europa, precisamente porque aún estaba latente el espíritu clásico.

El Renacimiento estará inmerso en la concepción de ciudades-estado de Italia, el pensamiento de la teoría política de Maquiavelo, así como de los cambios que sacudirán a la religión católica con la Reforma.

Para Diez (n.d.) el término Renacimiento proviene de la expresión italiana rinascita, vocablo usado por primera vez por Petrarca. Después sería reacuñada por el arquitecto y teórico Giorgio Vasari, para delimitar el momento histórico en que tuvo lugar este movimiento cultural

En términos generales, el Renacimiento será un momento en el cual cobrará importancia el redescubrimiento del hombre como individuo. Es así que la función del arte está fuertemente relacionada con la del periodo clásico: la representión de la belleza y la expresión de sentimientos. Lo anterior indudablemente influenciado por una nueva concepción del hombre. El mundo será revalorado como un lugar de armonía y realidad, donde el hombre es el eje y estará liberado de las preocupaciones religiosas.

El Renacimiento es ante todo, un espíritu que transforma no sólo las artes, sino también las ciencias, las letras y formas de pensamiento. El arte renacentista busca manifestar y exteriorizar la ruptura de pensamiento y las innovaciones del momento –sea el desarrollo de la ciencia o el rol del ser humano en la Tierra. En su conjunto se ha visto una clara reacción al espíritu teológico de la Edad Media, sin embargo la ruptura no es violenta, ya que aún se retoman algunos elementos previamente utilizados.

Bibliografía

Diez, L. (n.d.). El Renacimiento. Consultado el 29 de septiembre del 2009, disponible en: http://www.cibernous.com/crono/historia/renacimiento/rena.html



Escultura en el renacimiento

Escultura en el Renacimiento.-


La escultura del Renacimiento se entiende como un proceso de recuperación de la escultura de la Antigüedad clásica. Los escultores encontraron en los restos artísticos y en los descubrimientos de yacimientos de esa época pasada la inspiración perfecta para sus obras. También se inspiraron en la Naturaleza. En este contexto hay que tener en cuenta la excepción de los artistas flamencos en el norte de Europa, los cuales además de superar el estilo figurativo del gótico promovieron un Renacimiento ajeno al italiano, sobre todo en el apartado de la pintura.
El renacer a la antigüedad con el abandono de lo medieval, que para Giorgio Vasari «había sido un mundo propio de godos», y el reconocimiento de los clásicos con todas sus variantes y matices fue un fenómeno casi exclusivamente desarrollado en Italia. El arte del Renacimiento logró interpretar la Naturaleza y traducirla con libertad y con conocimiento en gran multitud de obras maestras.
La escultura en el Renacimiento tomó como base y modelo las obras de la antigüedad clásica y su mitología, con una nueva visión del pensamiento humanista y de la función de la escultura en el arte. Como en la escultura griega, se buscó la representación naturalista del cuerpo humano desnudo con una técnica muy perfeccionada, gracias al estudio meticuloso de la anatomía humana. En Italia convivieron por igual los temas profanos con los religiosos; no así en otros países como España y Alemania, donde prevaleció el tema religioso.

La escultura del Renacimiento se sirvió de toda clase de materiales, principalmente del mármol, bronce, madera y terracota.



• DDAA (2004). Historia del Arte Espasa. Espasa-Calpe. ISBN 84-670-1323-0.
• DDAA (1984). Historia Universal del Arte: Volumen 5. Madrid, Sarpe. ISBN 84-7291-593 X.
• Alcolea Gil, Santiago (1988). Historia Universal del Arte: Renacimiento (II) y Manierismo. Barcelona, Editorial Planeta. ISBN 84-320-8906-0.

Pintura del Renacimiento

Las raíces de la pintura renacentista se encuentran en el arte de Giotto, el gran maestro del siglo XIV. La pintura del Quattrocento (siglo XV) se diferencia claramente de la pintura gótica. Desaparece el retablo y por eso se subordina a un conjunto: cada cuadro es un mundo en él mismo, sin ninguna conexión con un ámbito exterior. Sin dejar de tener una presencia constante, los temas religiosos son tratados a menudo como temas profanos. El paisaje, la belleza idealizada de los desnudos, el volumen de las formas y el sentido espacial son las dimensiones cardinales de la pintura renacentista.La luz se trabaja con más perfección, pero en general sirve para resaltar planos. En contraste con las formas planas, el pintor del Renacimiento está obsesionado por captar la profundidad. El paisaje se conrea con pasión, con sus prados primaverales para obtener efectos de profundidad y encuadrar las figuras.La composición en el Renacimiento es complicada, es frecuente que haya diferentes escenas en un mismo cuadro o diferentes figuras principales.La pintura renacentista aparece en el siglo XIV pero su máximo apogeo se produce en el siglo XV y sobretodo en XVI. En este período el color ya se trabajaba de una manera más libre, y por tanto, el dibujo y el contorno pierden la primacía. Las formas, con el claroscuro de sombras y luces, adquieren un aspecto redondeado en detrimento de la apariencia plana; para conseguir el volumen el artista se sirve de muchos recursos, a parte de los sombreados: por ejemplo, el brazo delante el busto en los retratos. La luz en la pintura renacentista adquiere una importancia nueva juntamente con las sombras, casi ausentes de los cuadros del siglo anterior.Durante el Renacimiento desaparece la obsesión por la perspectiva y, no obstante esto, las escenas adquieren una profundidad que parece natural, no una cosa conseguida con esfuerzo. El paisaje es rico en vibraciones luminosas y la primavera y los prados floridos dejan de ser el único encuadre de las figuras; los fondos de boira, las rocas, los crepúsculos, dan cierto matiz romántico a las escenas. La composición es clara, a menudo triangular, las figuras se relacionan con la mirada y con las manos, cada cuadro representa solo una escena o se destaca la acción y la figura principal.

El Renacimiento en España tarda en penetrar desde Italia, especialmente por la fuerza que el gótico final isabelino tiene en nuestras tierras.
De hecho, la primera manifestación de la arquitectura renacentista en España, como es el Palacio de los Duques de Medinaceli de Cogolludo (Guadalajara) muestra una simbiosis de estilos. Por un lado, imita con su estructura arquitectónica los palacios del Quattrocento italiano, incluyendo puerta y aparejo de sillería almohadillada. Sin embargo, la crestería y sus ventanales son todavía claramente tardogóticos.

Fases de la arquitectura del Renacimiento


En el largo siglo que recorre la arquitectura renacentista en España se sucederán las corrientes estilísticas, en especial el plateresco y, sobre todo, en el tramo final el grave y austero herreriano, que incluso llegará a fundirse con el primer barroco español de comienzos del siglos XVI.
Plateresco
La arquitectura plateresca corresponde a la primera mitad del siglo XVI en el contexto de una arte oficial dominado por la poderosa monarquía de los Reyes Católicos, primero y de Carlos V, después. En él se combinan estructuras arquitectónicas del gótico final flamígero o isabelino con elementos decorativos venidos de Italia, que además incorpora elementos mudéjares.
Las características decorativas del plateresco es la profusión de filigrana de piedra (de ahí su nombre, pues imita el trabajo de los orfebres) a base de medallones en las fachadas, los frontones y enjutas, los entablamentos y basamentos, los grutescos, los festones, las columnas balaustradas, todo ello decorando las fachadas de los edificios que, sin embargo, tienen la típica estructura gótica de pilares fasciculados soportando bóvedas de crucería compleja.
Una de las construcciones que mejor refleja el momento de fusión de ambos estilos es el Palacio del Infantado en la ciudad de Guadalajara (VER IMAGEN LATERAL)
Aunque el plateresco castellano es especialmente abundante en ciudades como Toledo, Valladolid o Salamanca, etc., es en esta última donde encontramos algunas de las obras más interesantes, debido a su gran calidad plástica y finura, hecho al que no es ajena la buena calidad de la piedra caliza salmantina.
Sobresale especialmente la archiconocida fachada de la Universidad, de autor desconocido, constituida como un paño decorativo, independiente del edificio, donde los temas decorativos, de flores, medallones, escudos y grutescos, ofrecen un inusitado ritmo.
Otro edificio religioso de estilo renacentista plateresco es el monumental Convento de San Esteban, obra de Juan de Álava. cuya fachada, interpretada como un gran paño decorativo, tiene una portada de grandes dimensiones rodeada de escultura (VER FOTO LATERAL)
No olvidamos citar la fachada de la catedral nueva y, en el contexto del plateresco civil, la curiosa Casa de las Conchas.
Estilo herreriano
El estilo hereriano es consecuencia de la situación social, religiosa y política de España durante la segunda mitad del siglo XVI.
Y es que, a partir del reinado de Felipe II, la corriente de austeridad católica impregna la sociedad española de la Contrarreforma alcanza también al arte y a la arquitectura.
El ejemplo más destacado, sin duda, de este periodo es el Monasterio del Escorial (1563-1584) donde se reúne monasterio, iglesia, palacio y panteón real.
Es un edificio derivado de fuentes italianas, pero de gran sobriedad y desornamentación, lo que unido a su colosal tamaño, le confiere una solemnidad aplastante.
Juan Bautista de Toledo inicia las obras. A él se deben la planta general del edificio, la fachada meridional y el patio de losEvangelistas.
Le sucedió, como arquitecto general principal, el italiano Giovanni Battista Castello "el Bergamasco", que construyó la gran escalera a la imperial del interior, la primera de este tipo en Europa.Juan de Herrera (que dá nombre al estilo herreriano) dirigió la obra desde 1572 hasta el final, y le imprimió su sello característico. Este arquitecto, estudioso de las teorías del romano Vitrubio, va a influir decisivamente en la arquitectura española del último cuarto de siglo y en el siglo XVII. Tal es su transcendencia que a esta corriente de la arquitectura del renacimiento en España se le ha dado un nombre propio: Arquitectura Herreriana.

Arte del Renacimiento


Sunday, September 27, 2009

Escultura Gótica


















El mismo fenómeno que se presentó en la arquitectura, tuvo lugar en la escultura gótica. Ahora se buscaban representar las cosas tal y como eran, con un característico realismo y naturalismo. Es por ello que el personaje esculpido refleja las emociones y las vicisitudes de cualquier mortal. Durante este periodo, la arquitectura se completó con la escultura y viceversa. La mayoría de las esculturas se encuentran en las iglesias, como parte de la decoración interior, o en las fachadas. Hacia el final del periodo, las imágenes que se representarán serán de reyes, burgueses.

Según Arteguias (2001) el fenómeno de humanización y localización en el tiempo y espacio se percibe, aunque con signos opuestos, en las dos figuras más representadas de la escultura gótica. En el caso de la Virgen, María adopta la forma de madre alegre y cariñosa que atiende a su hijo con amor maternal. Mientras que Jesús, se muestra con un hombre con dolor.










Los personajes de la escultura gótica, en ese creciente humanismo, abandonan las posturas verticales, simétricas y hieráticas para adoptar posturas cada vez más amaneradas y con gran sentido del movimiento realista. También se intenta mostrar las emociones de alegría o tristeza de los personajes. Las escultoras que se perciben en la fachada eran parte del portal de las puertas. La mayoría de las veces las esculturas de santos se encontraban en la arquivolta y en el canvas.

Los temas más importantes que se representaban eran pasajes o temas de la vida de los santos, de la Virgen o de Cristo. A su vez se pueden constatar historias de animales fantásticos –como el caso de los monstruos/quimeras, las gárgolas.

A continuación se presente algunos elementos clave a recordar, de acuerdo a Manzaneque (n.d.):

· Creciente naturalismo de las figuras, que se llenan de vida, pareciendo más humanas, con actitudes y gestos cada vez más realistas y expresivos, dejando traslucir sus emociones. Al final las figuras aparecen con rasgos individualizados.

· En las composiciones con varias figuras éstas se comunican entre sí.

· Ahora es un arte narrativo, no simbolista.

· La temática sigue siendo fundamentalmente religiosa.

· La arquitectura no condiciona el valor plástico de la escultura.

· En el siglo XIII se pone de moda un tipo alargado, de pliegues y ornamentos muy sencillos, rostro triangular, sonrisa estereotipada y de cierto amaneramiento.

· En la segunda mitad del XIV las figuras se alargan, canon esbelto, y se curvan finamente, ligera sinuosidad en el sentido flamígero comentado en la arquitectura, sus ropajes se pliegan en innumerables pliegues, es el denominado “estilo internacional”.

· Por último, en el siglo XV, se experimenta una reacción frente a este arte amanerado y triunfan tipos macizos y pesados, de un mayor realismo.












Bibliografía

Arteguías. (2001). Escultura Gótica. Consultado el 28 de septiembre del 2009, disponible en: http://almez.pntic.mec.es/~jmac0005/Bach_Arte/gotico/escultura_gotica1.htm

Manzaneque, J. (n.d.) Escultura Gótica. Consultado el 28 de septiembre del 2009, disponible en: http://www.arteguias.com/esculturagotica.htm


Pintura y vitrales goticos

Pintura Gótica.-

La pintura gótica, una de las expresiones del arte gótico, no apareció hasta alrededor del año 1200, es decir, casi 50 años después del comienzo de la arquitectura y la escultura góticas. La transición del románico al gótico es muy imprecisa y no hay un claro corte, y podemos ver los comienzos de un estilo que es más sombrío, oscuro y emotivo que en el periodo previo, a principios del siglo XIII. El impulso decisivo de esta pintura realista cristiana se produjo en la Italia septentrional de finales de siglo. Diseminándose por el resto de Europa, el periodo gótico se extendió durante más de doscientos años.

La característica más evidente del arte gótico es un naturalismo cada vez mayor, frente a las simplificadas e idealizadas representaciones del románico. Se considera que esta característica surge por vez primera en la obra de los artistas italianos de finales del siglo XIII, y que marcó el estilo dominante en la pintura europea hasta el final del siglo XV. La pintura gótica se aproxima a la imitación a la naturaleza que será el ideal del renacimiento, incluyendo la representación de paisajes, no obstante, sigue siendo poco usual. Se desprende de los convencionalismos y amaneramientos bizantinos y románicos, pero no toma como ideal de belleza el arte griego ni romano antiguo. Por lo mismo, aunque dicha pintura es un verdadero renacimiento, se distingue de la propiamente llamada del Renacimiento clásico en que no cifra, como ésta, su perfección en la belleza de las formas exteriores (que, aun sin descuidarlas, resultan, a veces, algo incorrectas en la pintura gótica) sino, sobre todo, en la expresión de la idea religiosa y en dar a las figuras cierto sabor místico y eminentemente cristiano. A pesar de ello, también ha de decirse que es en este momento en el que comienza la pintura profana, esto es, la pintura en que los temas ya no son siempre religiosos.



Vitrales o Vidrieras Góticas.-

Frente a lo que ocurre en Italia, en el norte de Europa, las vidrieras fueron el arte preferido hasta el siglo XV. El desarrollo de la Arquitectura gótica con la progresiva sustitución del muro por grandes ventanales con vitrales de colores que permiten el paso hacia el espacio interior de una luz polícroma y matizada, implicó, en las grandes catedrales góticas de Francia, a la práctica desaparición de la pintura mural que se había desarrollado ampliamente en los muros de las iglesias románicas.
El muro translúcido fue el primer espacio propio o ámbito donde se desarrollaron las artes del dibujo y del color en el Gótico. Durante la Baja Edad Media el arte de los vitrales de las catedrales e iglesias se desarrolló, en Europa, paralelamente con la arquitectura gótica, la cual se caracterizaba por la altura de sus naves y la audacia de sus estructuras con bóvedas de crucería que se apoyaban en esbeltos soportes y arbotantes para transmitir al suelo el peso y el empuje de las bóvedas, liberando de las funciones resistentes a los muros de los edificios que progresivamente fueron sustituidos por ventanales y tracerías o encajes de piedra con vitrales de color.
En una primera etapa los colores son vivos y saturados, el plomo delimita las formas, las cuales son delineadas con precisión para poder ser vistas a través de la irradiación luminosa de la vidriera, ello conduce a la tendencia de descomponer la vidriera en medallones, nichos u otro tipo de compartimentos. Las vidrieras revelan, más que ningún otro arte, el componente irrealista y artificial del arte gótico.
A mediados del siglo XIII se produce una modificación profunda de la gama de colores ya que los fondos incoloros se asocian a los tonos quebrados de las escenas y figuras. Con una gama potente pero restringida, las menudas figuras humanas se hacen más agitadas y libres. En la Iglesia de San Urbano de Troyes (hacia 1270) o en las vidrieras de medio punto de la catedral de Beauvais, es donde se dan los mejores ejemplos de estas innovaciones.
En el siglo XIV, tras el descubrimiento del amarillo de plata los vitrales ganan en ligereza, llenándose de un preciosismo dorado que antes nunca tuvieron. En Normandía, en el coro de Saint-Ouen de Ruán y en la Catedral de Evreux se hallan las vidrieras más bellas. El arte de las vidrieras culmina en un estilo exquisito de una calidad igual o superior a las obras maestras de la miniatura. En la cuenca del Loira, en Champaña o en Alsacia se completa el panorama de las vidrieras en Francia, culminando en las naves laterales de la Catedral de Estrasburgo.
En Inglaterra destaca la gran ventana occidental de la catedral de York. En España, las vidrieras más destacadas son las de la catedral de León.





• Beckett, W., A História da Pintura. São Paulo: Editora Ática. 1997.
• Janson, H. W., A História Geral da Arte. São Paulo: Martins Fontes. 2001.
• Azcárate Ristori, J. M.ª de, «Pintura gótica anterior al siglo XV» y «Pintura gótica del siglo XV», en Historia del arte, Ed. Anaya, 1986. ISBN 84-207-1408-9

Función del arte en el periodo Gótico


El Arte gótico es un estilo artístico europeo con unos límites cronológicos que encontramos aproximadamente entre el año 1140 y las últimas décadas del siglo XVI, según las áreas geográficas.
Se aplicó en el campo de la arquitectura civil y religiosa, la escultura, las vidrieras, la pintura mural y sobre tabla, los manuscritos y las diversas artes decorativas.
El término gótico fue empleado por primera vez por los tratadistas del Renacimiento, en sentido peyorativo, para referirse al arte de la edad media, al que ellos consideraban inferior y bárbaro (godo, de ahí el término gótico) comparado con el arte clásico.
En el siglo XIX se produjo una revalorización de este periodo debido a movimientos historicistas y románticos. El gótico apareció a continuación del románico, a lo largo de la baja edad media, y hoy día se considera uno de los momentos más importantes desde el punto de vista artístico en Europa.
El estilo gótico encontró su gran medio de expresión en la arquitectura. Surgió en la primera mitad del siglo XII a partir de la evolución de precedentes románicos y otros condicionantes teológicos, tecnológicos y sociales. La arquitectura gótica perduró hasta bien entrado el siglo XVI en diversos países europeos como Inglaterra, mucho después de que el estilo renacentista hubiera penetrado en otros campos artísticos. Las mayores realizaciones del gótico se manifestaron en el terreno de la arquitectura religiosa.
En contraste con la arquitectura del románico, cuyas características esenciales son los arcos de medio punto, las estructuras macizas con escasos vanos y las bóvedas de cañón o arista, la arquitectura gótica empleó el arco apuntado, agujas, chapiteles y gabletes, reforzando el sentido ascensional que pretende transmitir el edificio, amplios vanos con tracerías caladas para conseguir la máxima luminosidad y estructuras reducidas al mínimo.
Todas estas cualidades estilísticas fueron posibles gracias a las innovaciones constructivas, especialmente a la aparición de la bóveda de crucería. Las iglesias medievales poseían bóvedas muy pesadas, que obligaban a disponer muros gruesos y con pocos ventanales para soportar sus empujes.
A principios del siglo XII los constructores inventaron la bóveda de crucería, que consiste en el cruce de dos arcos o nervios apuntados, que conforman una estructura resistente sobre la que se colocan los ligeros elementos de relleno que configuran la bóveda. Este sistema además de ligero y versátil, permite cubrir espacios de diversa configuración formal, con lo que posibilita un gran número de combinaciones arquitectónicas.
Aunque las primeras iglesias góticas adoptaron una gran variedad de formas, la construcción de las grandes catedrales del norte de Francia en la segunda mitad del siglo XII se benefició de las ventajas de las bóvedas de crucería. Con ellas se podían concentrar los empujes en los cuatro puntos del vértice y posteriormente apearlos por medio de los elementos sustentantes, que podían ser los pilares o columnas pero también el sistema de estribo y arbotante, un arco que transmite los esfuerzos tangenciales hacia un contrafuerte situado en el exterior del edificio coronado por un pináculo.
Como consecuencia, los gruesos muros de la arquitectura románica pudieron ser reemplazados por ligeros cerramientos con ventanales que permitieron la aparición de la vidriera y facilitaron que el edificio alcanzase alturas insospechadas. Así se produjo una revolución en las técnicas constructivas.
Con la bóveda gótica los edificios pudieron adoptar formas variadas. Sin embargo, la planta común de las catedrales góticas consistió en tres o cinco naves longitudinales, un transepto, un coro y un presbiterio, es decir, una composición similar a la de las iglesias románicas.
Las catedrales góticas también mantuvieron y perfeccionaron la creación más genuina de la arquitectura románica: la girola, una estructura compleja que aparece en la cabecera del templo, generalmente de forma semicircular con un deambulatorio alrededor y al que se abren capillas radiales de planta semicircular o poligonal.
La organización de los alzados en el interior de las naves y en el coro también mantuvo los precedentes románicos. Por otro lado, los esbeltos pilares compuestos que separan las naves, con sus finos fustes elevándose a través del triforio hasta las nervaduras de las bóvedas, y el uso del arco apuntado en todo el edificio, contribuyen a crear efectos de verticalidad que constituye la expresión más intrínseca de la arquitectura gótica.
El objetivo prioritario de la organización exterior de la catedral gótica, con sus arbotantes y pináculos, fue contrarrestar el peso de las bóvedas. La fachada occidental o de los pies de la iglesia, por otro lado, intentaba producir un efecto de desmaterialización del muro a través de ricos recursos plásticos. La típica fachada principal gótica se divide en tres cuerpos horizontales y tres secciones verticales o calles, donde se abren las tres portadas que se corresponden con las naves del interior. Las dos torres laterales forman parte del cuerpo de la fachada y se rematan frecuentemente por agujas o chapiteles. Por último, el gran rosetón sobre la portada central supone un magnífico centro para la totalidad del conjunto.

Arquitectura Gótica

El estilo gótico se desarrolla en el continente europeo desde la cuarta década del siglo XII hasta mediados del XVI –principalmente en la región de Francia y Normandía. A principios del siglo XIII, la arquitectura gótica dejó de ser patrimonio exclusivo de Francia para extenderse por toda Europa. La arquitectura gótica es de origen francés, y fue difundida a través de sus catedrales al Sacro Imperio Romano Germánico, y a la corona de Castilla. En Inglaterra adquirió prontamente características nacionales. En Italia llegó tarde y su impacto fue desparejo y con poca aceptación, pronto fue sustituida por el Renacimiento. A pesar de que el románico, fue el periodo que precedió al gótico, sus estilos son absolutamente diferentes.

Los cambios de filosofía y mentalidad que se van desarrollando se verán expresados en los rubros artísticos. Como consecuencia el campo del arte y la arquitectura, el obstinado equilibrio simétrico y la regularidad y geometrismo del románico, son desplazados. Se dejan atrás los conceptos geométricos y el idealismo. En el campo de las ideas se sustituye el idealismo por el naturalismo, en el campo del arte se sustituye la inteligencia abstracta por el empirismo.

De acuerdo a Arteguias (2001) las plantas de los grandes edificios góticos no fueron muy diferentes a los de las grandes catedrales románicas (tres naves, transepto y cabecera con girola y capillas radiales. En el alzado se respetó la configuración de tres pisos superpuestos. A este concepto dinámico de la construcción, frente a la estática románica, se le añaden las formas agudas de los arcos, en que abren puertas y ventanas. Los rosetones están compuestos por tracería, formada por motivos geométricos, entre las que se colocan las vidrieras.

La arquitectura gótica se basó en el arco apuntado y la bóveda de crucería, además del arbotante. La bóveda de crucería, derivada de la de arista, consigue localizar sus empujes sobre cuatro puntos de arranque lo que permite cubrir todo tipo de espacios. Se puede afirmar sin demasiado titubeo que no hay ingenio arquitectónico tan polémico, estudiado y analizado como la misteriosa bóveda de crucería gótica.

El arco apuntado nació en el románico de Borgoña. La famosa abadía de Cluny III lo incorpora de manera majestuosa y es rápidamente difundido. El arco apuntado ejerce menos resistencia que el de medio punto al peso superior que soporta y su estilizada figura permite una estética ascensional que será explotada plenamente por el gótico.

De acuerdo a ArquitecturaTécninca.net (2008) el arbotante por su parte es una especie de puente que transmite las presiones desde el punto inicial de las bóvedas altas hasta los ligeros contrafuertes del exterior. Utiliza también un nuevo tipo de arco ojival, apuntado. Para reforzar los puntos de evacuación del peso se reforzaron los contrafuertes ya usados de manera continua en el románico y sobre todo se empleó el arbotante, verdadero arco de apuntalamiento que conduce el peso soportado por las zonas de sostén definitivamente hacia el exterior del edificio a través de un contrafuerte situado en el exterior coronado por un pináculo. Debido a su verticalidad, permite elevar la altura del edificio.

Con estos tres elementos creados por los arquitectos góticos, que revolucionan la construcción. Lo que es claro es que, en conjunto, estas estructuras liberan de casi todo el peso a los muros perimetrales, localizándolo en cuatro puntos determinados. Esto permite desmaterializar el muro mediante grandes vanos o ventanales con tracerías caladas en las que se encastraron hermosísimas vidrieras coloreadas.


Otro elemento importante fueron las gárgolas, representación de las quimeras durante el periodo gótico.
La gárgola es una parte sobresaliente de un caño que sirve para evacuar el agua de lluvia de los tejados. Fueron muy usadas en iglesias y catedrales y solían estar adornadas mediante figuras intencionadamente grotescas que representan hombres, animales, monstruos o demonios. Probablemente, tenían la función simbólica de proteger el templo y asustar a los pecadores.
La típica fachada gótica se divide en tres cuerpos horizontales y tres secciones verticales, de ahí surgen las tres portadas que se corresponden con las naves interiores. Las dos torres laterales forman parte del cuerpo de la fachada y se rematan frecuentemente por agujas o chapiteles. Por último, el gran rosetón calado, además de fuente de luz y color para el interior, supone un magnífico centro para la totalidad del conjunto.






































Bibliografía

Arteguías. (2001). Historia del arte gótico. Consultado el 27 de septiembre del 2009, disponible en: http://www.arteguias.com/arquitecturagotica.htm

ArquitecturaTécnica.net. (2008). Arquitectura gótica. Consultado el 27 de septiembre del 2009, disponible en: http://www.arquitecturatecnica.net/historia/arquitectura-gotica.php

Arte Gótico


Imágenes del Arte Románico








Arte Románico

Contexto.-

Estilo artístico que floreció en Europa desde aproximadamente el año 1000 d.C. hasta la aparición, en la segunda mitad del siglo XII, del estilo gótico. Se desarrolló principalmente en el campo de la arquitectura, aunque también se aplicó a la escultura, la pintura y las artes decorativas.


Función del Arte en el periodo románico.-

Para los cristianos el arte es la representación alegórica de la divinidad. Se puede sacrificar la representación fiel de la naturaleza hasta llegar a ser inexpresivo y estético.
En el arte románico se da la liberación del peso del tema. Posteriormente el arte comienza a preocuparse por la representación de la naturaleza cuando se empieza a ver en ella la obra de Dios. Es la época de Bizancio y la del gótico, pero sin abandonar su función didáctica y su expresividad, ni su intención de conmover.


Arquitectura Religiosa.-

Planta

Planta de la iglesia de San Martín en Frómista, Palencia (s. XI)La planta típica de una iglesia románica es la basilical latina con tres o cuatro naves y crucero de brazos salientes. En el testero o cabecera, que siempre mira a Oriente, se hallan tres o cinco ábsides semicirculares de frente o formando corona, llevando cada uno de ellos tres ventanas en su muro. Y en los pies o entrada del templo se alza un pórtico o nárthex flanqueado por dos torres cuadradas. Pero así como las iglesias rurales o menores sólo constan de una sencilla nave y un ábside sin crucero saliente y sin torres junto a la portada, así las mayores sobre todo, las de grandes monasterios o los santuarios visitados por numerosas peregrinaciones suelen ofrecer muy amplio el transepto y crucero, como también tienen prolongadas las naves laterales en torno a la capilla mayor constituyendo la girola o nave semicircular que da paso a diferentes capillas absidiales, abiertas en torno de ella a modo de corona. Algunas iglesias tienen los brazos del crucero convertidos en sendos ábsides que con el central forman una especie de gran trifolio. Las iglesias de templarios y de otras órdenes caballerescas afines se hallan, por lo común, sobre planta poligonal o circular y son de escasas dimensiones. Asimismo, existen pequeños oratorios de planta circular que fueron capillas funerarias o que estuvieron unidas a fortificaciones como oratorios militares y no faltan otras que siguiendo el estilo o inspiración bizantina se disponen a modo de cruz griega y de cuadrifolio.


Contrafuertes

Los soportes característicos de un edificio románico son el pilar compuesto y el estribo o contrafuerte adherido exteriormente al muro. Los contrafuertes tienen por objeto reforzar los muros y servir a la vez de estribo o contrarresto a los arcos y bóvedas (servicio que también prestan los pilares compuestos): son visibles al exterior, lisos y de forma prismática. Pero cuando se adhieren a los ábsides aparecen frecuentemente a modo de columnas que sostienen el alero. Los muros están formados de sillarejo o de sillares desiguales con poca regularidad en las hiladas.

Pilares y arcos

Capitel románico.El referido pilar monta ordinariamente sobre un zócalo cilíndrico o de poca altura y se compone de una pilastra simple o compuesta que lleva adosadas a cada frente o a alguno de ellos una o dos columnas semicilíndricas (o en vez de éstas, otras pilastras más estrechas) con objeto de dar pie a los arcos formeros y a los transversales o fajones. Dichas columnas tienen basa y capitel igualmente adosados al núcleo central prismático. Hay también columnas exentas y pareadas, de dos en dos, o de cuatro en cuatro pero no se hallan de estas formas ordinariamente sino en los claustros, pórticos, galerías y ajimeces.


Arcos en la iglesia de Saint-Saturnin, Francia.Los capiteles románicos ofrecen especial interés por lo variado de sus formas y por las curiosísimas labores con que suelen decorarse. Algunos de ellos conservan reminiscencias clásicas de sabor corintio degenerado pero en su gran mayoría se forman de un grueso prisma o de un tronco piramidal o de cono invertido en cuyos frentes lleva esculpidas labores geométricas entrelazadas o motivos vegetales que en forma de hojas le rodean o asuntos simbólicos e históricos. Va coronado el capitel por un ábaco grueso, denominado cimacio, el cual se halla casi siempre decorado con molduras u otros ornamentos propios del estilo y frecuentemente lleva por su parte inferior una serie de modillones cuadrados que parecen almenas. En las columnas geminadas o yuxtapuestas suele cubrir el ábaco a todo el grupo de ellas uniendo así sus capiteles.

Las basas de las columnas tienen la forma toscana o ática pero con el toro inferior ancho y aplastado y suelen llevar en las enjutas o ángulos del plinto una figurilla caprichosa o bien una garra que aparenta sujetar con el plinto la moldura curva o toro que en él descansa. En el siglo XII se ornamentan frecuentemente las basas con diferentes labores propias del estilo lo cual ya se usó alguna vez en la arquitectura visigoda (y mucho más en la romana) según se observa en la iglesia de San Pedro de la Nave.

Los arcos de construcción se apoyan inmediatamente sobre el referido ábaco y son de medio punto o peraltados y casi siempre dobles o triples, es decir, que cada uno de ellos consta de dos o tres semianillos adheridos uno debajo de otro siendo más ancho el de encima. Cuando se adorna con molduras propiamente dichas, se denuncia la segunda época del estilo y se presentan ellas en forma de un baquetón grueso, bordeando la esquina del arco. Propio asimismo de la segunda época (siglo XII) es el arco apuntado, también llamado ojival, que a veces se halla en edificios románicos como medio constructivo para disminuir el empuje lateral (sin que por esto sea indicio de estilo gótico si falta la bóveda de crucería) y nunca como ornamento. Se hallan, no obstante, en algunos edificios románicos, influidos por la arquitectura arábiga, arcos lobulados y entrelazados, ya ornamentales, ya constructivos. Pero estos últimos sólo en arcadas de claustros o en obras equivalentes.

Cubierta interior

Cubierta interior con bóveda de medio cañón.La cubierta interior de la naves y estancias diferentes consiste por lo general en la bóveda de medio cañón —a veces, apuntada como los arcos— para la nave central; de arista o de cuarto de cañón para las laterales y de concha o de cuarto de esfera para los ábsides, alzándose sobre el crucero una cúpula poligonal apoyada en trompas (a estilo persa) que se colocan en los ángulos o rincones resultantes del encuentro de los arcos torales. Dichas trompas se constituyen por una bovedilla semicónica o por una serie de arquitos en degradación que hacen el mismo oficio. Algunas veces, según la escuela a que pertenezca el edificio, la nave central lleva techumbre de madera o carece de cúpula o por el contrario, la tiene verdaderamente esférica y elevada sobre pechinas a estilo bizantino. La dificultad y la diferencia mayor que se hallan en estos edificios estriban en el problema de combinar el abovedamiento de todas las naves con la iluminación suficiente de la central y, además, en dar al crucero o al encuentro de las naves un equilibrio muy estable y una cubierta proporcionada: las soluciones varias que se dan a este doble problema constituyen las diferencias principales de la escuelas arquitectónicas del estilo románico.


Cubierta exterior

La cubierta exterior o tejado insiste sobre las bóvedas mediante una armadura sencilla de madera que se apoya en ellas pero en el siglo XII se hace independiente esta armadura y es sostenida sólo por los muros para no cargar de peso las bóvedas y cúpulas. Sobre la cúpula poligonal del crucero se eleva una linterna prismática ya formando cuerpo con ella, ya estando independiente a modo de domo. Dicha linterna se termina por una cubierta piramidal, semejando el conjunto una torre de base ancha y poca altura que, a veces, ejerce también funciones de campanario.


Puertas y ventanas

Portada de la Colegiata de Castañeda, Cantabria.Las puertas se hallan formadas por una serie de arcos redondos concéntricos y en degradación apoyados en sendas columnillas de suerte que todo el conjunto forma una especie de arco abocinado y moldurado contribuyendo al mayor efecto visual el mismo grosor del muro que suele formar allí un cuerpo saliente. Algunas portadas carecen de dintel y de tímpano pero por lo general se hallan provistas de uno y otro y entonces se esculpen sobre el último relieves simbólicos o iconísticos y a los lados de la portada o en las jambas y aun en el mismo arco abocinado se disponen variadas series de labores ornamentales en relieve, flanqueándose, a veces, con estatuas el ingreso en las iglesias más suntuosas.

Las ventanas se abren casi siempre en la fachada y en el ábside y algunas veces en los muros laterales. Son bastante más altas que anchas y terminan por arriba en arco doble, generalmente plano o de arista viva apoyado sobre columnitas como las de la portada y cuando estos arcos se rodean de molduras finas o baquetones o bien las ventanas han dejado la primitiva estrechez, pertenecen a la segunda época del estilo. Hay también ajimeces, óculos y pequeños rosetones, correspondiendo estos últimos al último periodo.

Se cierran las ventanas con vidrieras incoloras o de color en algunas iglesias suntuosas o con láminas traslúcidas de alabastro o yeso cristalino o con simples celosías de piedra perforada y en las iglesias pobres con simples telas blancas enceradas o impregnada con trementina. De aquí que hayan de ser poco extensas las ventanas de esta época (lo mismo que en la precedente) hasta que se fue ensayando y generalizando el uso de grandes vidrieras.


Cornisas

Las cornisas, lejano recuerdo de los clásicos arquitrabes forman como una imposta corrida sobre pilastras y muros y a continuación de los ábacos de los capiteles y adornan el frontispicio colocadas encima de la portada o debajo de la ventanas. Llevan adornos y molduras y a menudo (al igual que el frontón y el alero o tejaroz, que también son cornisas) están sostenidas por canecillos o por series de arquitos ciegos.


Ornamentación

Esculturas en el iglesia de Santa María, en Piasca, Cantabria.La ornamentación típica del estilo románico se manifiesta principalmente en las cornisas, arquivoltas, capiteles, puertas y ventanas y consiste en un conjunto de líneas geométricas quebradas o en sisas, billetes, ajedrezados, dientes de sierra, puntas de diamante, lacerías, arquerías o arquitos ciegos, rosetoncitos, follaje serpenteante y otros motivos vegetales siempre estilizados o con escasa imitación de la naturaleza. También se utilizan los relieves y estatuas iconísticas, los mascarones o canecillos, los bestiarios (monstruosas figuras de animales) y los relieves simbólicos.

Se decoraban los muros interiores con varias pinturas de dichos motivos y de escenas religiosas o bíblicas y los pavimentos alguna vez con mosaicos. Por regla general, se halla íntimamente unida con la estructura en los edificios románicos su decoración escultórica, de modo que sirva ésta para acentuar los miembros más salientes de aquélla y no sea como vestidura postiza del edificio. No obstante, se observan en algunos edificios esculpidas varias figuras de monstruos como aplastados por las basas de las columnas o de relieve en el zócalo de las fachadas con idea evidentemente simbólica o moral ya que no la tienen arquitectónica.


Estructura

La estructura general de una iglesia románica puede inferirse de lo dicho sobre la planta, soportes y bóvedas. Sólo falta advertir que toda la composición interior se acusa exteriormente por los contrafuertes que señalan los tramos de la planta. Asimismo, por las impostas corridas que indican las divisiones de la alzada. Por las ventanas y arquerías, que responden a los triforios interiores o a sus equivalentes y a las diferencias de altura en las naves, etc.

En las fachadas bien dispuestas se advierte una gran cornisa sostenida por canecillos sobre la portada, una o tres ventanas o un rosetoncito en lo alto, dos o tres series de arquerías ciegas a diferentes niveles y un frontón o piñón bordeado por una cornisa en el término superior del muro.


Arquitectura Civil.-

Tradicionalmente, los aspectos más estudiados del arte medieval y en concreto del románico son la arquitectura religiosa y la escultura monumental. En un segundo lugar se encuentra la pintura y las artes suntuarias. Sin embargo la civilización románica, al margen del mayoritario ámbito religioso, se ocupó también de la construcción de edificios civiles y militares. Entre los segundos quedan buenos representantes en España, como la muralla de Ávila o el Castillo de Loarre.
En el plano de la arquitectura puramente civil, nos ocuparemos aquí de los puentes, los palacios y edificios privados y de las fuentes de abastecimiento de agua.
Puentes medievales
El creciente interés por el patrimonio medieval se ha extendido no sólo a edificios religiosos sino también a los civiles y militares. En este panorama cabe mencionar el importante valor de los puentes medievales, desde muy diversos puntos de vista: arquitectónico, histórico, económico, simbólico y por supuesto, estético. Muchos de aquellos puentes construido durante los siglos medievales han perdido su utilidad primitiva, pero siguen siendo una sorpresa visual de primer orden para quien se topa con ellos, sobre todo si -como suele suceder- se encuentran en bellos parajes rurales, como el de la foto lateral (Puente de Covatillas, entre Torreiglesias y Peñasrrubias de Pirón - Segovia).
Fuentes románicas
La afortunadamente creciente valoración del patrimonio medieval que se vive en nuestros días, está permitiendo conocer y recuperar algunos tipos de construcciones que hasta hace poco pasaban desapercibidas. Si fue la arquitectura religiosa, la primera del mundo románico en ser puesta en valor, poco a poco se recuperan y divulgan otros edificios civiles y militares, que aunque menos numerosos, forman parte, por derecho propio, de esa gran cultura románica. Aquí hablaremos sucintamente de la fuente románica. En el contexto medieval el primer gran referente es la fuente prerrománica de la Foncalada, erigida en Oviedo en tiempos de Alfonso III. Esta construcción civil hay que relacionarla con la tradición romana de uso público de las aguas, pero ya de forma cristianizada y cargada de gran simbolismo, pues como se cita en las inscripciones de esta fuente, las aguas purificadoras y curativas queda identificadas con Jesucristo, invocado como "Salvs" . No es extraño esta invocación pues, tradicionalmente, el agua manante de pozos y fuentes naturales era considerado un don sagrado al que, además, se le atribuía poder curativo.
Del periodo románico se conservan algunas fuentes, aunque dada la sencillez de su arquitectura y la falta de decoración de las mismas, es difícil sin un estudio arqueológico específico, conocer la verdadera datación de muchas de ellas. Nos viene a la cabeza el caso parecido de las espadañas, con formas muy sencillas y poco cambiantes desde la tiempos románicos a siglos recientes y que llevan a confusión a numerosos estudiosos. Afortunadamente, algunas fuentes conservan suficientes elementos que permiten tener la certeza de su origen románico, entre ellas citaremos las de Fresno de la Fuente (Segovia), Artaiz (Navarra) Ontiñena (Huesca), Valdeande (Burgos) aunque ésta fue reformada en el siglo XVIII.
La fuente románica tipo es un pequeño edificio abovedado, de forma alargada, con aspecto de templete por su remate triangular, abierta mediante uno o dos arcos de medio punto, que cobija una piscina enlosada -rectangular o circular- para remansar las aguas del manantial donde se ubican.
En la bibliografía sobre la arquitectura románica no hemos encontrado sino breves referencias sobre estas construcciones y creemos que sería interesante profundizar en el estudio de estos edificios del románico civil, así como en su inventariado y datación.
Palacios Románicos.-
Cuando se habla de palacios reales románicos se suele pensar en obras como el palacio de los reyes de Navarra en Estella, el palacio de los reyes de Aragón en Huesca o el palacio real del monasterio de Carracedo. Asimismo son visibles restos del palacio imperial de Alfonso VII en la ciudad de León. En la ciudad de Burgos, capital en esta época de Castilla, debió de haber necesariamente palacio real, del que aparentemente no queda nada. En realidad, no hubo un solo palacio románico, sino dos; y todavía son visibles sus posibles restos disimulados en construcciones posteriores; si incluimos el primer siglo del gótico, en Burgos hubo un total de tres palacios reales antes del siglo XIV.
El rey Alfonso VI de Castilla es el promotor de la primera catedral de Burgos, la románica, a cuyo lado había levantado un palacio, que dona en este momento al episcopado y que parece ser que cumplió desde este momento funciones mixtas de palacio episcopal y real. Cuando Fernando III el Santo emprende la construcción de la catedral gótica que vemos en la actualidad dona para ello los terrenos ocupados por el antiguo palacio real, que resulta, así pues, destruido; sin embargo, quedan algunos restos que se incorporan posteriormente al Palacio Arzobispal. Con la demolición de este a principios del siglo XX quedan expuestos estos restos románicos, que actualmente se encuentran en el lado norte de la Plaza del Rey san Fernando, adosados a la catedral y disimulados por la restauración de Vicente Lampérez posterior a esta demolición.
La parte principal es una estancia cubierta por bóveda de cañón levemente apuntada con arcos fajones, de considerable longitud y con aspecto de cripta, que se utiliza actualmente como taquilla y tienda de la catedral. Sobre ella se encuentran dos arcos apoyados en columnas dobles que aparentan haber pertenecido a un claustro o a un pórtico. El carácter tardío de los elementos es lo que hace más dudosa su pertenencia a la construcción de Alfonso VI, por lo menos a la original; es posible que pertenezcan a una reforma o al primer palacio arzobispal.
Cuando Alfonso VIII contrae matrimonio con Leonor de Plantagenêt a finales del siglo XII, parece ser que esta no se encuentra a gusto en el palacio urbano (seguramente el de Alfonso VI), con lo que se decide la construcción de uno más confortable a las afueras de la ciudad. La vida de este palacio sería corta, ya que unos años más tarde es convertido por los reyes en el Real Monasterio de las Huelgas. Si bien las monjas se alojan en un principio en las antiguas dependencias palatinas, enseguida se emprende la construcción de un gran monasterio de estilo gótico incipiente, por lo que este palacio también es destruido.
Parece ser que algunos elementos de la obra sobrevivieron; así, es posible que la capilla de la Asunción, de estilo almohade-románico, perteneciera a él. Junto al Pórtico de los Caballeros se encuentran unas arcadas con aspecto de pertenecer a un pórtico románico y que algunos identifican también como parte de este palacio.
Finalmente, en época gótica (mediados del siglo XIII) se levanta un tercer palacio en el castillo de Burgos, conocido como de Alfonso X. A pesar de la destrucción del castillo en la Guerra de la Independencia, las fotografías antiguas indican que a mediados del siglo XIX todavía eran bastante visibles los restos de la construcción, que poseía una fachada con dos cuerpos de grandes arcos apuntados. Sin embargo (gracias seguramente a que las ruinas, como muchas otras, eran una inmejorable "cantera de piedra labrada") hoy en día solo quedan de él los cimientos.

Algunas Iglesias románicas.-
Aguilar de Campoo
Santa María la Real
Ermita de Santa Cecilia
Amusco
Ermita de Nuestra Señora de las Fuentes
Iglesia de San Pedro (restos)
Arenillas de San Pelayo Monasterio de San Pelayo
Barrio de Santa María
Iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora
Ermita de Santa Eulalia
Becerril del Carpio
Iglesia de San Vicente (Puebla de San Vicente)
Iglesia de San Pedro (en el Barrio de San Pedro)
Iglesia de Santa María (en el Barrio de Santa María)
Cabria Iglesia de San Andrés
Canduela Ermita de San Pelayo
Carrión de los Condes
San Zoilo (restos)
Iglesia de Santiago
Iglesia de Santa María
Cezura Iglesia de Santiago
Cillamayor Iglesia de Santa María la Real
Frómista
Iglesia de San Martín de Tours
Hijosa de Boedo
Iglesia de San Martín
Husillos
Iglesia de Santa María
Matalbaniega Iglesia de San Martín
Mave
Iglesia de Santa María
Moarves de Ojeda
Iglesia de San Pedro
Mudá Iglesia de San Martín
Ermita del Oterulo
Nogal de las Huertas
Monasterio de San Salvador del Nogal
Olmos de Ojeda Santa Eufemia de Cozuelos
Palencia
Iglesia de San Juan Bautista
Paredes de Nava
Iglesia de Santa Eulalia
Perazancas de Ojeda Ermita de San Pelayo
Iglesia de Nuestra Señora de la Asunciónm
Pomar de Valdivia Iglesia de Santa Cruz
Pozancos Iglesia de San Salvador
Quintanatello Iglesia de la Asunción
Quitanilla de la Berzosa Iglesia parroquial
Renedo de la Vega
Monasterio de Santa María
Revilla de Santullán Iglesia de San Cornelio y San Cipriano
Ribas de Campos
Monasterio de Santa Cruz de Ribas
San Andrés de Arroyo Monasterio Cisterciense de San Andrés
San Cebrián de Mudá Iglesia de San Cornelio y San Cipriano
San Salvador de Cantamuda Iglesia de San Salvador
Torremormojón
Iglesia de Santa María del Castillo
Valdeolmillos
Iglesia de San Juan Bautista
Valoria del Alcor
Iglesia de San Fructuoso
Vallespinoso de Aguilar
Ermita de Santa Cecilia
Villamuriel de Cerrato
Iglesia de Santa María la Mayor
Villanueva de la Torre Iglesia parroquial de Santa Marina
Zorita del Páramo Iglesia de San Lorenzo


Escultura.-


La escultura a pequeña escala en marfil, bronce y oro de la época prerrománica estuvo influenciada por el arte paleocristiano y bizantino. Adoptaron también otros elementos de los diferentes estilos locales de Oriente Próximo, conocidos a través de la importación de manuscritos miniados, eboraria, orfebrería, cerámica y tejidos. Los motivos originados en los pueblos nómadas, como las figuras grotescas del bestiario y los diseños geométricos entrelazados, fueron muy importantes, sobre todo en las regiones del norte de los Alpes. Entre las obras escultóricas más excepcionales del periodo se encuentran los marfiles ejecutados por el monje Tutilo en el siglo IX en el monasterio de Saint-Gall (Suiza) y los realizados en los talleres de Reims (Francia).
En el periodo prerrománico es muy raro encontrar escultura monumental independiente de un contexto arquitectónico. La mayor parte de la escultura románica estuvo integrada en la propia arquitectura, y tuvo una doble función estructural y decorativa. Así, las esculturas románicas integran el conjunto de la arquitectura religiosa. Los mejores trabajos se realizaron en Hildesheim (Alemania) en el siglo XI, incluyendo puertas de bronce, pilas bautismales, lápidas funerarias y otros objetos de mobiliario litúrgico. También en el sur (siglo XI) y norte de Italia (siglo XII) se hicieron hermosas puertas fundidas en bronce, destacando notablemente las de San Zenón el Mayor de Verona. En el valle del Mosela, Bélgica y la Francia septentrional, a comienzos del siglo XII, la escuela del Mosela produjo un gran número de esculturas en bronce, incluyendo la gran pila bautismal (1107-1112) de San Bartolomé de Lieja (Bélgica), realizada por Rainiero de Huy.
Las decoraciones escultóricas en piedra a gran escala fueron usuales en el siglo XII en toda Europa. En las iglesias románicas francesas de Provenza, Borgoña y Aquitania las esculturas decoraron con profusión las fachadas de los edificios, y las estatuas labradas sobre pilastras dieron un énfasis visual a los elementos verticales. En las catedrales de Toulouse, Autum y Poitiers pueden verse ejemplos excepcionales de la escultura arquitectónica francesa, conservada casi por completo en su estado original. En su composición y materia temática anticipan directamente las obras maestras de Chartres, Amiens y el resto de las catedrales góticas. En Lombardía y Toscana se hicieron trabajos escultóricos interesantes, sobre todo para las fachadas de las catedrales de Módena, Ferrara, Verona y Parma.
En la península Ibérica, dentro del primer románico de principios del siglo XI, destacan los dinteles o retablos de altar de San Genis les Fons (Rosellón) y de San Andrés de Sureda, donde aparece representada la maiestas domini acompañada por los doce apóstoles. El románico pleno se caracterizó por la escultura monumental en piedra para la decoración de los templos, tanto en las arquivoltas, tímpanos y jambas de sus fachadas como en los claustros de los monasterios, en los capiteles de las columnas o los canecillos y modillones de los aleros salientes. Destacan la puerta de las Platerías en Santiago de Compostela, con escenas del Nuevo Testamento, realizada a principios del siglo XII; las portadas del Cordero y del Perdón de San Isidoro de León, donde se representan el sacrificio de Isaac y el Cordero portado por ángeles dentro de su mandorla; los temas de la Crucifixión, las tres Marías ante el sepulcro y la Ascensión de Cristo, la fachada del monasterio de Ripoll y el tímpano del Crismón flanqueado por leones de la catedral de Jaca. El claustro de Silos presenta en sus columnas pareadas relieves escultóricos referidos a la pasión de Cristo y sus capiteles están decorados con representaciones vegetales y animalísticas. También en el claustro de la antigua catedral románica de Pamplona existieron capiteles interesantes, especialmente entre los dedicados a Job y a la pasión de Cristo (Museo de Navarra en Pamplona).
Un elemento clave en la transición hacia el estilo gótico son las estatuas-columna del famoso pórtico de la Gloria (fachada occidental) de la catedral de Santiago de Compostela (España, último tercio del siglo XII), obra atribuida al maestro Mateo. La organización del conjunto se hace eco del nuevo sentido naturalista idealizado de finales del siglo XII, al tiempo que las figuras que lo integran expresan sus sentimientos y empiezan a entablar lo que se denomina sacra conversazione, es decir, la comunicación entre los personajes sagrados.
En el ámbito de la escultura exenta o de bulto redondo destacan las representaciones de la Virgen sedente, entronizada con el Niño Jesús acomodado en su regazo y del Cristo crucificado o en Majestad, realizadas en madera y en la mayoría de los casos policromadas. Los más conocidos son los Cristos de Caldes de Montbuy y Batlló (en el Museo Nacional de Arte de Cataluña) y las Vírgenes de la catedral de Gerona o la de Covet, también en el Museo Nacional de Arte de Cataluña.

Pintura.-


La pintura al fresco evolucionó durante el periodo carolingio. Entre los ejemplos conservados más antiguos de pintura mural prerrománica alemana destacan los de la iglesia abacial de San Jorge en Oberzel, en Reichneau; los de la capilla de San Silvestre en Goldbach, en la orilla alemana del lago Constanza; los de San Andrés, cerca de la antigua ciudad de Fulda, al noreste de Frankfurt. Sin embargo, el estilo de las pinturas murales que no se han conservado puede deducirse por los manuscritos miniados de la época. Estas obras continuaron en gran medida las tradiciones del arte paleocristiano y bizantino, pero incorporaron decoraciones muy complicadas, con motivos entrelazados de origen irlandés y zoomorfos germanos. Los ejemplos de pintura mural conservados incluyen motivos abstractos en los elementos arquitectónicos aislados, tales como columnas, y representaciones de escenas bíblicas y de las vidas de los santos en las grandes superficies murales. En estas composiciones, influidas por las pinturas y mosaicos orientales, las figuras son estilizadas y delicadas, ya que se concibieron como símbolos más que como representaciones naturalistas. De la extensa decoración mural realizada en otras zonas de la Europa occidental sólo se conservan algunos ejemplos, entre los que destacan los frescos, fechados en los siglos XI y XII, de las iglesias de San Juan de Poitiers y de Saint-Savin-sur-Gartempe, en la antigua provincia de Poitiers.
En el ámbito de la península Ibérica la pintura románica está muy bien representada en las áreas catalano-aragonesa y castellana. Se conservan importantes restos pictóricos murales de muchos templos. En algunos casos todavía se pueden observar in situ las decoraciones murales de la edad media, pero la mayoría de las pinturas han sido trasladadas a lienzos y se conservan en diferentes museos del país.
Deben distinguirse por una parte las representaciones murales pintadas al temple que cubrieron el interior de las iglesias, realizada sobre la superficie de los ábsides, la nave central y laterales o incluso el muro occidental, y por otra las pinturas sobre tabla de los antependios, piezas de madera rectangular que, con temas como el pantocrátor y el tetramorfo, la Virgen o las vidas de los santos, cubrieron los frentes de los altares principales.
Dentro de la pintura mural se distinguen dos corrientes pictóricas. Por una parte, la corriente ítalo-bizantina desarrollada en el área catalana que recoge las fórmulas orientales, y por otra la corriente francesa, que continúa las formas del arte carolingio u otónico, centrada fundamentalmente en el área castellana.
En la corriente ítalo-bizantina los conjuntos de pintura mural más importantes proceden de Cataluña, de las iglesias de Santa María y Sant Climent de Taüll, Santa María de Esterri de Aneu y San Pedro de Burgal conservados en Barcelona (siglo XII, Museo Nacional de Arte de Cataluña). Las pinturas de la ermita de la Vera Cruz de Maderuelo (Segovia), conservadas en el Museo del Prado de Madrid, aunque pertenecientes al área castellana participan también de esta tendencia estilística, al igual que los frescos de la iglesia de San Baudelio de Berlanga (Soria), que se conservan en parte en el Museo del Prado y en diferentes museos y colecciones privadas estadounidenses.
La corriente de influencia francesa está representada por las pinturas de la primera mitad del siglo XII del Panteón de los Reyes de la colegiata de San Isidoro de León, así como por los frescos aragoneses procedentes de la iglesia de los Santos Julián y Basilisa de Bagüés (Zaragoza), conservados en el Museo Diocesano de Jaca.
Respecto a la pintura sobre tabla debemos de destacar los frontales de la Seo de Urgell y de Ix, el primero con la representación del Cristo en majestad con los apóstoles y el segundo con escenas alusivas a san Martín (ambos en Barcelona, Museo Nacional de Arte de Cataluña).
Los mosaicos tuvieron una influencia bizantina incluso mayor que la pintura y se usaron extensamente en la decoración de las iglesias románicas italianas, especialmente en la basílica de San Marcos de Venecia y en las iglesias sicilianas de Cefalú y Monreale.









Fuentes.-


www.arteguias.com/arquitectura.htm
usuarios.lycos.es/romanico/romanico.htm
www.almendron.com/arte/.../romanico/romanico.htm
www.monografias.com/.../romanico/romanico.shtml
www.arrakis.es/~garma/romanico.html
www.historiayarte.net/a-escultura-romanica.html
www.pastranec.net/arte/romanico/escultura.htm
www.slideshare.net/.../arte-romanico-escultura-y-pintura