De acuerdo a Arteguias (2001) las plantas de los grandes edificios góticos no fueron muy diferentes a los de las grandes catedrales románicas (tres naves, transepto y cabecera con girola y capillas radiales. En el alzado se respetó la configuración de tres pisos superpuestos. A este concepto dinámico de la construcción, frente a la estática románica, se le añaden las formas agudas de los arcos, en que abren puertas y ventanas. Los rosetones están compuestos por tracería, formada por motivos geométricos, entre las que se colocan las vidrieras.
La arquitectura gótica se basó en el arco apuntado y la bóveda de crucería, además del arbotante. La bóveda de crucería, derivada de la de arista, consigue localizar sus empujes sobre cuatro puntos de arranque lo que permite cubrir todo tipo de espacios. Se puede afirmar sin demasiado titubeo que no hay ingenio arquitectónico tan polémico, estudiado y analizado como la misteriosa bóveda de crucería gótica.
El arco apuntado nació en el románico de Borgoña. La famosa abadía de Cluny III lo incorpora de manera majestuosa y es rápidamente difundido. El arco apuntado ejerce menos resistencia que el de medio punto al peso superior que soporta y su estilizada figura permite una estética ascensional que será explotada plenamente por el gótico.
De acuerdo a ArquitecturaTécninca.net (2008) el arbotante por su parte es una especie de puente que transmite las presiones desde el punto inicial de las bóvedas altas hasta los ligeros contrafuertes del exterior. Utiliza también un nuevo tipo de arco ojival, apuntado. Para reforzar los puntos de evacuación del peso se reforzaron los contrafuertes ya usados de manera continua en el románico y sobre todo se empleó el arbotante, verdadero arco de apuntalamiento que conduce el peso soportado por las zonas de sostén definitivamente hacia el exterior del edificio a través de un contrafuerte situado en el exterior coronado por un pináculo. Debido a su verticalidad, permite elevar la altura del edificio.

Con estos tres elementos creados por los arquitectos góticos, que revolucionan la construcción. Lo que es claro es que, en conjunto, estas estructuras liberan de casi todo el peso a los muros perimetrales, localizándolo en cuatro puntos determinados. Esto permite desmaterializar el muro mediante grandes vanos o ventanales con tracerías caladas en las que se encastraron hermosísimas vidrieras coloreadas.
Otro elemento importante fueron las gárgolas, representación de las quimeras durante el periodo gótico. La gárgola es una parte sobresaliente de un caño que sirve para evacuar el agua de lluvia de los tejados. Fueron muy usadas en iglesias y catedrales y solían estar adornadas mediante figuras intencionadamente grotescas que representan hombres, animales, monstruos o demonios. Probablemente, tenían la función simbólica de proteger el templo y asustar a los pecadores.La típica fachada gótica se divide en tres cuerpos horizontales y tres secciones verticales, de ahí surgen las tres portadas que se corresponden con las naves interiores. Las dos torres laterales forman parte del cuerpo de la fachada y se rematan frecuentemente por agujas o chapiteles. Por último, el gran rosetón calado, además de fuente de luz y color para el interior, supone un magnífico centro para la totalidad del conjunto.



Bibliografía
Arteguías. (2001). Historia del arte gótico. Consultado el 27 de septiembre del 2009, disponible en: http://www.arteguias.com/arquitecturagotica.htm
ArquitecturaTécnica.net. (2008). Arquitectura gótica. Consultado el 27 de septiembre del 2009, disponible en: http://www.arquitecturatecnica.net/historia/arquitectura-gotica.php
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